lunes, 30 de junio de 2008

El Albayzín que vivió Federico García Lorca

El Albayzín que vivió Federico García Lorca

30.06.08 -
MIGUEL J. CARRASCOSA SALAS


SI Federico García Lorca estuviese todavía viviendo entre nosotros, nos describiría -como él sólo sabía hacerlo- la situación que encontró en el Albayzín en los movidos años 20. Y yo me acercaría a él para preguntarle:-Federico, ¿cómo era el viejo barrio de los Halconeros en esta época de revueltas, agitaciones y abandonos? Y él, entre confundido, acogedor y visiblemente afectado, me respondería así:-«Las gentes, querido Miguel, dan aquí una impresión de abandono a la suerte y una creencia en el destino verdaderamente musulmana »-¿Y qué otros datos me puedes dar acerca del paisaje y del paisanaje urbano que ofrecía el Albayzín en este malhadado período de nuestra historia?- «Las casas -te recuerdo- están colocadas como si un viento huracanado las hubiera arremolinado así. Se montan unas sobre otras con raros ritmos de líneas. Se apoyan entrechocando sus paredes con originalidad y diabólica disposición Altares, rejas, casonas enormes con aires de deshabitadas, miedosos aljibes en donde el agua tiene el misterio trágico de un episodio íntimo; portalones destartalados en donde gime un pilar entre las sombras; hondonadas llenas de escombros bajo los cubos de las murallas; cavernas negras de la gente nómada y oriental ; leyendas de muertos y de fantasmas invernales, y de duendes y de marimantas que salen en las medias noches, cuando no hay luna, vagando por las callejas, que ven las comadres y las prostitutas errantes y que luego lo comentan, asustadas y llenas de superstición. Vive en estas encrucijadas un Albayzín miedoso y fantástico, el de los ladridos de perros y de guitarras dolientes, el de las noches oscuras en estas calles de tapias blancas; el Albayzín trágico de la superstición, de las brujas echadoras de cartas y nigrománticas; el de los signos cabalísticos y amuletos, el de las almas en pena, el de las embarazadas, el Albayzín de las viejas prostitutas que saben del mal de ojo, el de las seductoras, el de las maldiciones sangrientas, el pasional »Del otro Albayzín conservador y romántico, aristocrático y monjil, también he preguntado por él a Federico. Y él -atento y original como siempre- me ha respondido ofreciéndome un relato cargado de lirismo, sensibilidad y frescura, que es una gozada compartir con nuestros lectores y amigos de hoy, cuando todavía despunta la aurora sobre el cerro de San Miguel, el ocaso tiñe de arrebol encendido las nubes de Granada y el sol sigue acostándose sobre un mar de plata que huye, espantado, de las sombras :-«Hay otros rincones -me hace notar Federico- por estas antigüedades en que parece vivir un espíritu romántico netamente granadino. Es el Albayzín hondamente lírico. Calles silenciosas con hierbas, casas de hermosas portadas, con minaretes blancos, con jardines admirables de olor y de sonido. Calles en que viven gentes antiguas de espíritu, que tiene salas con grandes sillones, cuadros borrosos y urnas con Niño Jesús entre coronas, guirnaldas y arcos de flores; gentes que sacan faroles de formas olvidadas al paso del Viático y que tienen sedas y mantones de rancio abolengo ».Y prosigue nuestro poeta captando imágenes, colores y sonidos albayzineros, que nos revelan la quietud -casi monacal- de un barrio históricamente olvidado y de insólitos contrastes. Y así, sin pensárselo más, nos deleita con su personal visión del otro Albayzín:-«Al recorrer estas calles -afirma- se van observando espantosos contrastes de misticismo y lujuria. Cuando se está más abrumado por el paseo angustioso de las sombras y las cuestas, se divisan los colores suaves y apagados de la vega, siempre plateada, llena de melancólicos tornasoles de color, y la ciudad durmiendo, aplanada, entre neblinas, en la que descuela el acorde dorado de la catedral enseñando su espléndida girola y la torre con el ángel triunfador. Hay tragedia de contrastes. Por una calle solitaria se oye el órgano dulcemente tocado en un convento Enfrente del convento, un hombre con blusa azul maldice espantosamente, dando de comer a unas cabras. Más allá unas prostitutas de ojos grandes, negrísimos, con ojeras moradas, con los cuerpos desgarbados y contrahechos por la lujuria, dicen a voz en cuello obscenidades de una magnificencia ordinaria Todo nos hace ver un ambiente de angustia infinita, una maldición oriental que cayó sobre estas calles».Con esta jugosa y espléndida aportación de Federico García Lorca, cuajada de datos, observaciones y gestos, de sentimiento y asombro, de magia narrativa y desbordante creatividad, nos hacemos una idea bastante aproximada -no exenta de pesimismo y de rabia contenida- acerca de la situación social, urbana y paisajística del Albayzín de la época (1921-1922), profundamente marginado, decadente y proletario, con una lamentable tragedia de contrastes, como acabamos de ver: junto al carmen señorial, con torre, glorieta y tapias encaladas, los portalones desvencijados en donde gimen, carcomidos, pilares entre las sombras. Casas semiderruidas en todas direcciones, basureros malolientes e incontrolados, niños harapientos y analfabetos, hondonadas repletas de escombros bajo los cubos de viejas murallas ruinosas. Gentes nómadas habitando 'cavernas negras' en las pendientes laderas del Sacromonte. Viejas prostitutas que saben del 'mal de ojo' y deambulan por las callejas y rincones del barrio, ofreciendo sus marchitados encantos a borrachos, arrieros y trasnochadores en sus infectos y escondidos burdeles Así era, en su gran mayoría, el Albayzín de los años 20, que Federico paseó una y otra vez para saciar su ejercitada observación de cazador de imágenes, que después reproduce en sus escritos con sorprendente e inimitable originalidad. Algunos pueden pensar que Federico García Lorca exageraba al describirnos la situación del Albayzín en estos años, pero esta improbable exageración de nuestro inmortal poeta no disminuye un ápice la sufriente y paupérrima condición social, económica y cultural de aquel Albazyín, en el que Federico se inspiró para dar a luz su universal Romancero Gitano, en cuyo texto se conjuga armoniosamente lo narrativo y lo dramático, el complejo mundo de las imágenes irreales con la constatación histórica concreta, como ya nos recordaron, en su Diccionario de Escritores Granadinos (Granada, 1991, pp. 79-82), los profesores de nuestra Universidad, J. Ortega y C. del Moral.Al nombre y a la gloria de Federico -que ya son inmarcesibles en el cielo multicolor de la literatura universal- quedan ligados, de modo indisoluble, el paisaje, el paisanaje y los contrastes del barrio más popular y conocido de la España del Sur: ¿el Albayzín!, «que se amontona sobre la colina, alzando al cielo sus torres llenas de gracia mudéjar »

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